MEDITACIÓN
PARA LA ORACIÓN DE APERTURA
El Oidor que se Asemeja al Buen Terreno
Leeré
de Palabras de Vida del Gran Maestro, comenzando en la página
39 el segundo párrafo.
"El
oyente que se asemeja al buen terreno, recibe la palabra, 'no
como palabra de hombres, sino según lo es verdaderamente,
la palabra de Dios'. Sólo es un verdadero estudiante
el que recibe las Escrituras como la voz de Dios que le habla.
Tiembla ante la Palabra; porque para él es una viviente
realidad. Abre su entendimiento y corazón para recibirla.
Oyentes tales eran Cornelio y sus amigos, que dijeron al apóstol
Pedro: 'Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la
presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado'.
El conocimiento de la verdad depende no tanto de la fuerza intelectual
como de la pureza de propósito, la sencillez de una fe
ferviente y confiada
Los oyentes que son comparables
a un buen terreno, habiendo oído la palabra, la guardan.
Satanás con todos sus agentes del mal no puede arrebatársela.
No es suficiente sólo oír o leer la Palabra; el
que desea sacar provecho de las Escrituras, debe meditar acerca
de la verdad que le ha sido presentada. Por medio de ferviente
atención y del pensar impregnado de oración debe
aprender el significado de las palabras de verdad, y debe beber
profundamente del espíritu de los oráculos santos".
Necesitamos
pedir que seamos los oyentes que se asemejan al buen terreno
y verdaderos aprendices; que la Palabra de Dios sea una realidad
viviente en nosotros; que demos ahora oído a la enseñanza
del Espíritu Santo; que no seamos meramente oidores de
la Palabra, sino hacedores también.
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TEXTO DE
LA ALOCUCIÓN POR V. T. HOUTEFF
MINISTRO DE LOS DAVIDIANOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA
EL SÁBADO, 31 DE ENERO DE 1948
CAPILLA DEL MONTE CARMELO
WACO, TEXAS
Salmos
71:17 - "Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud,
y hasta ahora he manifestado tus maravillas".
Aquí
está el propio testimonio de David del hecho que él
no tenía nada que sentir por estar en la escuela de Dios
toda su vida, que él estaba ansioso por declarar la Verdad
de Dios. Luego, también, sabemos que la escuela de Dios
y las escuelas del hombre por muchos siglos han estado contemporáneamente
en competencia, y ahora nosotros podemos hacer una justa comparación
del producto de una con el producto de la otra.
Sabemos
que las escuelas del hombre han producido genios en muchas líneas.
Por ejemplo, los hombres han inventado gigantescos aviones para
levantar toneladas en el aire, aviones que viajan tan rápido
como el sonido, y a una gran altura, también. Los hombres
también han construido enormes buques de vapor cargados
con miles de toneladas de cargamento y pasajeros, y cruzan el
océano en unos cuantos días. Las escuelas del
hombre también han producido grandes oradores y maestros
competentes. Los hombres han hecho muchas cosas, y les damos
el crédito que se merecen. Lo que las escuelas del hombre
están haciendo, lo sabemos bien, pero ¿qué
sabemos de las escuelas de Dios? ¿Sabemos mucho
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acerca de ellas? Si no, ¿por qué no?
Tomemos
ahora una justa encuesta del producto de las escuelas de Dios.
Comenzaré con la escuela que Enoc, el séptimo
desde Adán, atendió. En la escuela de Dios él
aprendió algunas cosas vitalmente importantes. Para comenzar,
Enoc aprendió a caminar con Dios (Génesis 5:22).
Además, hasta este día él tiene el campeonato
en aviación: Enoc, sabemos, tomó un vuelo, no
40, 50, o 100 millas para arriba, ni a cien o a mil millas por
hora, sino hasta una altura indecible y a una velocidad indecible.
Si, rápidamente llegó al trono de Dios. ¿Han
producido las escuelas de los hombres tan grandes genios como
Enoc?
Como Enoc,
Noé, también, aprendió a caminar con su
Señor (Génesis 6:22). Su genio en construir barcos
es un crédito total a la escuela de Dios. ¡El barco
de Noé, sabemos, era lo suficiente grande y lo suficiente
fuerte para vivienda y llevar un par o más de toda criatura
viviente sobre la tierra, incluyendo todas las provisiones necesarias
para el hombre y las bestias para que durara más de un
año! Su barco soportó la más dura tormenta
de lluvia y viento que el mundo jamás ha conocido. El
barco de Noé sobrevivió no sólo la más
larga duración de lluvia y viento jamás conocido,
sino aún las convulsiones de la tierra cuando las fuentes
de las profundidades se rompieron arrojando rocas y lodo cientos
y miles de pies en el aire, por lo cual las altas escabrosas
montañas de la tierra fueron hechas. ¡No sólo
el barco, sino toda cosa viviente dentro sobrevivió!
Noé es aún el campeón de constructores
de barcos, y el campeón de capitanes del mar, también.
El producto de las escuelas de Dios, vemos, es muy superior
a cualquier cosa de lo que las escuelas del hombre han sido
capaces de producir.
Abraham,
sabemos, matriculado en la escuela de Dios cuando Dios lo llamó
para dejar la casa de su padre
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e ir a una tierra que él nunca había visto. El
tomó sus pertenencias, y tomó también a
su sobrino de compañero. Desde el mismo comienzo prosperaron
grandemente, y su negocio se expandió rápidamente
que para cuidar de él tenían que esparcir y partir
la compañía.
Abraham
tomó el terreno montañoso después que Lot
escogió el valle fértil adyacente a las tiendas
de Sodoma y Gomorra. Allí la familia de Lot dejó
la escuela de Dios y entró a la escuela del hombre. Abraham
y su familia permanecieron en la escuela de Dios, aprendiendo
como hacer que las montañas pagaran buenos dividendos.
Abraham se hizo "muy rico, pero Lot muy pobre. Abraham,
vemos, en la escuela de Dios llegó a ser el más
grande negociante del mundo en sus días. El aprendió
a hacer algo de la nada. Además, él era el general
más grande del mundo, porque se recordará que
con solo unos pocos hombres él derrotó cinco reyes,
tomó sus despojos y devolvió lo útil a
sus propios dueños. ¡Todo esto hizo sin la pérdida
de un solo soldado! Más aún educó el único
hijo que jamás voluntariamente se sometió para
ser quemado en un altar sacrificial por la religión de
su padre.
A continuación
consideraremos a Esaú y Jacob, los hijos gemelos de Isaac.
Jacob se graduó de la escuela de Dios, y Esaú
en la escuela del hombre. ¿Cómo lo sé?
Yo se esto, porque si Esaú hubiese caminado con Dios,
él no podría haber aprendido a cazar, porque Dios
no es un cazador, no se interesa en matar y destruir las vidas
que él creó. Así, en lugar de tomar su
escuela de entrenamiento en la escuela de Dios, Esaú
se enseñó a sí mismo en la escuela del
hombre. El no vio valor particular en la religión, y
no puso gran valor en su primogenitura que el precio de una
comida. Jacob, por otro lado, estaba ansioso de caminar con
Dios y comprar la primogenitura de Esaú a cualquier
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precio, pero lo obtuvo a un precio reducido.
Y ¿cómo
sé con seguridad que Jacob caminó con Dios? Yo
sé esto porque al fin del primer día de su vuelo
de la presencia de Esaú, Jacob reposó con Dios,
y allí él vio los ángeles de Dios subiendo
y bajando la escalera que abarcaba la distancia del cielo a
la tierra.
Luego, después
de haber gastado otros veinte años en la escuela de Dios,
Jacob se fue de Padan-aram y se dirigió hacia su hogar
con riquezas incalculables, aunque había dado catorce
de los veinte años de tiempo y labor en cambio por los
cuales no recibió nada sino sólo las dos hijas
de Labán en matrimonio. Jacob, vemos, en la escuela de
Dios aprendió como convertir la pobreza en negocio bien
pagado. Además, no sólo se hizo rico a sí
mismo, pero hizo a su suegro rico también. Aprendió
como trabajar y como ahorrar. Pero no para allí. Continuó
en la escuela de Dios, y cuando en Egipto, José su hijo,
quien era entonces después del rey, no estaba avergonzado
de presentar su padre a Faraón en el trono. Jacob era
un hombre culto.
José
mismo desde su juventud era un devoto estudiante en la escuela
de Dios. Finalmente, tomó su obra postgraduada en Egipto.
Cuando hubo obtenido suficiente conocimiento vino a ser rey,
y todo Egipto - de hecho todo el mundo antiguo - se postró
ante él.
José
vino a ser el más grande economista del mundo y banquero,
también. Nunca desde ese día alguien ha hecho
tanto; él se las arregló para comprar todo el
grano sobrante de su tierra por siete años, y en los
siete años más juntó todo el dinero del
pueblo y sus tierras, ambos, dinero en efectivo e hipotecas
y los depositó en el banco de Faraón. Además
esto salvó al mundo del hambre.
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Enséñame semejantes resultados como estos de las
escuelas de los hombres, y yo le mostraré que la lluvia
no gotea de los cielos.
Luego estuvo
Moisés. Desde su juventud hasta sus cuarenta años,
él fue a ambas, la escuela de Dios y la escuela de Faraón.
Con esta doble educación se sintió fuerte y suficiente
capaz para liberar la nación Hebrea de las ladrilleras
de Faraón. El comenzó matando a un Egipcio, y
luego huyó del país. Dios, no obstante, no estaba
de parte de él. Lo llevó al Monte Horeb y allí
lo hizo cuidar ovejas. Allí mientras cuidaba ovejas para
vivir y pagaba su enseñanza él estaba desaprendiendo
la educación de Faraón, y allí en la escuela
de Dios, aprendió como llegar a ser el más grande
general-libertador, autor, gobernador, educador, legislador
y profeta del mundo.
Es verdad
que, las escuelas del hombre han entrenado grandes mentes, y
han producido grandes generales tales como Eisenhower y McArtur,
por quienes Estados Unidos y Gran Bretaña construyeron
pesados barcos, gigantes armas y otros grandes armamentos, reclutaron
grandes ejércitos y navíos. Después de
muchos meses de semejante preparación, en la cual millones
de gente participó, Eisenhower cruzó el Canal
Inglés contra la super máquina de guerra Alemana
y McArtur regresó a las Filipinas y ocupó Japón
al costo de billones de dólares y miles de víctimas.
¡Maravilloso logro, Verdaderamente! Pero Moisés,
sin arma, sin avión, sin barco, y sin nadie en casa para
construir y enviar suplementos, liberó a Israel, los
guió seguramente para cruzar el Mar Rojo, y hundió
todo el ejército Egipcio. El hizo todo esto sin una arma
o arco, sin barco o avión al costo de ni hombre, ni bestia.
¡El no tuvo víctimas! ¿Dónde entre
los productos de las escuelas del hombre
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encuentra lo mismo que esto?
Las escuelas
de los hombres han producido grandes oradores, también,
pero Juan el Bautista mientras aún en su juventud, por
su oratoria atrajo todas las ciudades y los campos de Judá,
no obstante esos muchos tenían que caminar para llegar
allí, y todos, pobres y ricos del mismo modo tenían
que sentarse en el suelo raso por horas. Multitudes salieron
al desierto para oírle en el campo abierto. Y los Apóstoles,
aunque meros pescadores, en un poco más de tres años
en la escuela de Cristo llegaron a ser los más grandes
predicadores que el mundo jamás ha conocido. ¡Solamente
ellos de todos los predicadores jamás desde entonces
tienen el récord por convertir tres mil almas del Judaísmo
al Cristianismo con un solo sermón!
El tiempo
me fallaría para hablar de otros - de Josué y
de Caleb, de Daniel y de los tres Hebreos, de Sansón,
de David, de los profetas, y de muchos otros aún hasta
nuestros días. Es un hecho, que lo que la escuela de
Dios no puede producir, la escuela del hombre no puede igualar.
En la escuela
de Dios el estudiante se gradúa para llegar a ser el
mejor en cualquier línea que emprende. Y mi consejo para
usted es que si es hierba, o árbol, por así decirlo,
elija ser el mejor en su clase. Puede ser tal si desea hacerlo,
porque no hay fracasos en la escuela de Dios. Puede llegar a
ser el mejor pastor, o el mejor rey, el mejor maestro o el mejor
predicador, el mejor banquero, o el mejor cualquiera que sea.
Es de interés,
también, notar que ambas la escuela de Dios y la escuela
de los hombres tienen libros de texto. Una tiene los libros
de los hombres, los cuales necesitan ser renovados año
tras año, la otra tiene el libro de Dios el cual nadie
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aún ha sido capaz de mejorar. La última es la
primera y la mejor nunca ha habido otra semejante y nunca la
habrá.
La escuela
de Dios no sólo enseña de su libro de texto, no
meramente en el salón de clase, enseña la practica
tanto como la teórica. La practica, por supuesto, la
mayoría de los hombres no les gusta, y algunos no tomarían
entrenamiento práctico ni por un don. Tomemos a José
por ejemplo. Cuando terminó la obra en el salón
de clases, se inició en la práctica. Su entrenamiento
fue quizá el más penoso porque su vocación
iba a ser no sólo una de las más grandes sino
única también. Además, su currículo
incluía aprender una lengua extraña y amar a sus
enemigos. El había de aprender por experiencia que si
uno sirve a Dios fielmente, entonces cualquier cosa que le sobrevenga
en la vida ha de saber que es sólo un regalo de Dios,
y que ha de hacer lo mejor de esto.
Primero
él fue vendido por sus propios hermanos, y revendido
por los traficantes de esclavos. El pudo haberse hecho el enfermo
y con aflicción y temor. Si él se haya rendido
así a sus emociones, los traficantes lo habrían
tirado en algún lugar a lo largo del camino a Egipto,
porque ellos deben haber sabido que un hombre enfermo solo sería
un gasto para ellos, que no podrían venderlo por algo
a alguien. José, se comportó muy bien, sabiendo
que Dios conocía todo acerca de sus circunstancias. Los
Ismaelitas, también, vieron que no habían invertido
en un esclavo ordinario. Se dieron cuenta que él podía
ser vendido por un alto precio a alguien que tuviera el dinero.
Así fue que lo llevaron a Potifar, el hombre rico de
Egipto. Allí José aprendió como tomar órdenes,
como cuidar de los bienes de otra gente, y también como
rehuir de las mujeres rameras.
Después
que se graduó en la casa de Potifar tomó
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un curso detrás de las rejas de la prisión. Allí
entre los soñadores aprendió a interpretar sueños.
A este punto de su entrenamiento estaba equipado para gobernar
a Egipto y alimentar el mundo.
Las escuelas
del hombre no ofrecen cursos de esta clase, pero ni tampoco
desarrollan benefactores, reyes, banqueros y hombres de negocios
tales como José.
Estas son
algunas de las cosas que deberíamos saber si nos hemos
de graduar de la escuela de Dios. Además, deberíamos
saber donde estamos recibiendo nuestro entrenamiento, porque
es posible que podamos estar en la escuela del yo, mientras
presuntuosamente pensemos que estamos en la escuela de Dios.
¿Cómo
podemos saber con certeza en cuál escuela estamos obteniendo
nuestro entrenamiento? - Para estar en la escuela de Dios debemos
caminar con Dios - ¿y cómo podemos saber que estamos
caminando con Dios? - Estoy seguro que si vamos a los lugares
a donde Dios no iría, y si obramos donde Dios no obraría,
entonces en vez de caminar con Dios y aprender de él,
estaríamos caminando con el Diablo y recibiendo entrenamiento
de él.
¿Cómo
podemos saber que la obra que estamos haciendo es la obra que
Dios tiene para que hagamos? - Es cierto que Dios no construiría
instrumentos para matar sin importar el pago; que él
no obraría en algo que el Diablo trabaja; tampoco iría
en compañerismo con uno que no está caminando
con Dios.
La pregunta
naturalmente surge, ¿trabajaré para los hombres
o para Dios para ganarme la vida? Si Dios tiene una obra para
que usted haga, entonces usted no puede ir a trabajar para los
hombres y todavía esperar recibir la aprobación
de Dios. Pero si Dios no tiene algo para usted en su taller,
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por así decirlo, es obvio que él tiene algo para
usted en el taller de alguien más exento de objeciones.
Los estudiantes
en la escuela de Dios estudian de principios y con el sólo
propósito de avanzar el Reino de Dios, mientras los estudiantes
en la escuela del hombre estudian desde un punto de vista monetario,
para ayudar a nadie en particular sino a sí mismos, lo
cual nosotros como Cristianos no podemos hacer si esperamos
llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos. Cualquier pensador
despejado, que esta mirando las cosas desde el punto de vista
de Dios, no será otro que un producto de la escuela de
Dios.
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