La Vara del Pastor
"Oid la vara..." Miqueas 6:9
 
 Home  |  Acerca  | Preguntar al Pastor  |  Recursos  |  Publicaciones  |  Salud  |  Links  |  Contactarnos
      SBusca en el Sitio
    
 
 
EEL PRODUCTO DE LA ESCUELA DE DIOS Y EL PRODUCTO DE LA ESCUELA DEL HOMBRE
Printer Friendly Version

 

MEDITACIÓN PARA LA ORACIÓN DE APERTURA
El Oidor que se Asemeja al Buen Terreno

Leeré de Palabras de Vida del Gran Maestro, comenzando en la página 39 el segundo párrafo.

"El oyente que se asemeja al buen terreno, recibe la palabra, 'no como palabra de hombres, sino según lo es verdaderamente, la palabra de Dios'. Sólo es un verdadero estudiante el que recibe las Escrituras como la voz de Dios que le habla. Tiembla ante la Palabra; porque para él es una viviente realidad. Abre su entendimiento y corazón para recibirla. Oyentes tales eran Cornelio y sus amigos, que dijeron al apóstol Pedro: 'Ahora pues, todos nosotros estamos aquí en la presencia de Dios, para oír todo lo que Dios te ha mandado'. El conocimiento de la verdad depende no tanto de la fuerza intelectual como de la pureza de propósito, la sencillez de una fe ferviente y confiada … Los oyentes que son comparables a un buen terreno, habiendo oído la palabra, la guardan. Satanás con todos sus agentes del mal no puede arrebatársela. No es suficiente sólo oír o leer la Palabra; el que desea sacar provecho de las Escrituras, debe meditar acerca de la verdad que le ha sido presentada. Por medio de ferviente atención y del pensar impregnado de oración debe aprender el significado de las palabras de verdad, y debe beber profundamente del espíritu de los oráculos santos".

Necesitamos pedir que seamos los oyentes que se asemejan al buen terreno y verdaderos aprendices; que la Palabra de Dios sea una realidad viviente en nosotros; que demos ahora oído a la enseñanza del Espíritu Santo; que no seamos meramente oidores de la Palabra, sino hacedores también.

Vol. 2, N° 25 2

TEXTO DE LA ALOCUCIÓN POR V. T. HOUTEFF
MINISTRO DE LOS DAVIDIANOS ADVENTISTAS DEL SÉPTIMO DÍA
EL SÁBADO, 31 DE ENERO DE 1948
CAPILLA DEL MONTE CARMELO
WACO, TEXAS

Salmos 71:17 - "Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas".

Aquí está el propio testimonio de David del hecho que él no tenía nada que sentir por estar en la escuela de Dios toda su vida, que él estaba ansioso por declarar la Verdad de Dios. Luego, también, sabemos que la escuela de Dios y las escuelas del hombre por muchos siglos han estado contemporáneamente en competencia, y ahora nosotros podemos hacer una justa comparación del producto de una con el producto de la otra.

Sabemos que las escuelas del hombre han producido genios en muchas líneas. Por ejemplo, los hombres han inventado gigantescos aviones para levantar toneladas en el aire, aviones que viajan tan rápido como el sonido, y a una gran altura, también. Los hombres también han construido enormes buques de vapor cargados con miles de toneladas de cargamento y pasajeros, y cruzan el océano en unos cuantos días. Las escuelas del hombre también han producido grandes oradores y maestros competentes. Los hombres han hecho muchas cosas, y les damos el crédito que se merecen. Lo que las escuelas del hombre están haciendo, lo sabemos bien, pero ¿qué sabemos de las escuelas de Dios? ¿Sabemos mucho

Vol. 2, N° 25 3

acerca de ellas? Si no, ¿por qué no?

Tomemos ahora una justa encuesta del producto de las escuelas de Dios. Comenzaré con la escuela que Enoc, el séptimo desde Adán, atendió. En la escuela de Dios él aprendió algunas cosas vitalmente importantes. Para comenzar, Enoc aprendió a caminar con Dios (Génesis 5:22). Además, hasta este día él tiene el campeonato en aviación: Enoc, sabemos, tomó un vuelo, no 40, 50, o 100 millas para arriba, ni a cien o a mil millas por hora, sino hasta una altura indecible y a una velocidad indecible. Si, rápidamente llegó al trono de Dios. ¿Han producido las escuelas de los hombres tan grandes genios como Enoc?

Como Enoc, Noé, también, aprendió a caminar con su Señor (Génesis 6:22). Su genio en construir barcos es un crédito total a la escuela de Dios. ¡El barco de Noé, sabemos, era lo suficiente grande y lo suficiente fuerte para vivienda y llevar un par o más de toda criatura viviente sobre la tierra, incluyendo todas las provisiones necesarias para el hombre y las bestias para que durara más de un año! Su barco soportó la más dura tormenta de lluvia y viento que el mundo jamás ha conocido. El barco de Noé sobrevivió no sólo la más larga duración de lluvia y viento jamás conocido, sino aún las convulsiones de la tierra cuando las fuentes de las profundidades se rompieron arrojando rocas y lodo cientos y miles de pies en el aire, por lo cual las altas escabrosas montañas de la tierra fueron hechas. ¡No sólo el barco, sino toda cosa viviente dentro sobrevivió! Noé es aún el campeón de constructores de barcos, y el campeón de capitanes del mar, también. El producto de las escuelas de Dios, vemos, es muy superior a cualquier cosa de lo que las escuelas del hombre han sido capaces de producir.

Abraham, sabemos, matriculado en la escuela de Dios cuando Dios lo llamó para dejar la casa de su padre

Vol. 2, N° 25 4

e ir a una tierra que él nunca había visto. El tomó sus pertenencias, y tomó también a su sobrino de compañero. Desde el mismo comienzo prosperaron grandemente, y su negocio se expandió rápidamente que para cuidar de él tenían que esparcir y partir la compañía.

Abraham tomó el terreno montañoso después que Lot escogió el valle fértil adyacente a las tiendas de Sodoma y Gomorra. Allí la familia de Lot dejó la escuela de Dios y entró a la escuela del hombre. Abraham y su familia permanecieron en la escuela de Dios, aprendiendo como hacer que las montañas pagaran buenos dividendos. Abraham se hizo "muy rico, pero Lot muy pobre. Abraham, vemos, en la escuela de Dios llegó a ser el más grande negociante del mundo en sus días. El aprendió a hacer algo de la nada. Además, él era el general más grande del mundo, porque se recordará que con solo unos pocos hombres él derrotó cinco reyes, tomó sus despojos y devolvió lo útil a sus propios dueños. ¡Todo esto hizo sin la pérdida de un solo soldado! Más aún educó el único hijo que jamás voluntariamente se sometió para ser quemado en un altar sacrificial por la religión de su padre.

A continuación consideraremos a Esaú y Jacob, los hijos gemelos de Isaac. Jacob se graduó de la escuela de Dios, y Esaú en la escuela del hombre. ¿Cómo lo sé? Yo se esto, porque si Esaú hubiese caminado con Dios, él no podría haber aprendido a cazar, porque Dios no es un cazador, no se interesa en matar y destruir las vidas que él creó. Así, en lugar de tomar su escuela de entrenamiento en la escuela de Dios, Esaú se enseñó a sí mismo en la escuela del hombre. El no vio valor particular en la religión, y no puso gran valor en su primogenitura que el precio de una comida. Jacob, por otro lado, estaba ansioso de caminar con Dios y comprar la primogenitura de Esaú a cualquier

Vol. 2, N° 25 5

precio, pero lo obtuvo a un precio reducido.

Y ¿cómo sé con seguridad que Jacob caminó con Dios? Yo sé esto porque al fin del primer día de su vuelo de la presencia de Esaú, Jacob reposó con Dios, y allí él vio los ángeles de Dios subiendo y bajando la escalera que abarcaba la distancia del cielo a la tierra.

Luego, después de haber gastado otros veinte años en la escuela de Dios, Jacob se fue de Padan-aram y se dirigió hacia su hogar con riquezas incalculables, aunque había dado catorce de los veinte años de tiempo y labor en cambio por los cuales no recibió nada sino sólo las dos hijas de Labán en matrimonio. Jacob, vemos, en la escuela de Dios aprendió como convertir la pobreza en negocio bien pagado. Además, no sólo se hizo rico a sí mismo, pero hizo a su suegro rico también. Aprendió como trabajar y como ahorrar. Pero no para allí. Continuó en la escuela de Dios, y cuando en Egipto, José su hijo, quien era entonces después del rey, no estaba avergonzado de presentar su padre a Faraón en el trono. Jacob era un hombre culto.

José mismo desde su juventud era un devoto estudiante en la escuela de Dios. Finalmente, tomó su obra postgraduada en Egipto. Cuando hubo obtenido suficiente conocimiento vino a ser rey, y todo Egipto - de hecho todo el mundo antiguo - se postró ante él.

José vino a ser el más grande economista del mundo y banquero, también. Nunca desde ese día alguien ha hecho tanto; él se las arregló para comprar todo el grano sobrante de su tierra por siete años, y en los siete años más juntó todo el dinero del pueblo y sus tierras, ambos, dinero en efectivo e hipotecas y los depositó en el banco de Faraón. Además esto salvó al mundo del hambre.

Vol. 2, N° 25 6

Enséñame semejantes resultados como estos de las escuelas de los hombres, y yo le mostraré que la lluvia no gotea de los cielos.

Luego estuvo Moisés. Desde su juventud hasta sus cuarenta años, él fue a ambas, la escuela de Dios y la escuela de Faraón. Con esta doble educación se sintió fuerte y suficiente capaz para liberar la nación Hebrea de las ladrilleras de Faraón. El comenzó matando a un Egipcio, y luego huyó del país. Dios, no obstante, no estaba de parte de él. Lo llevó al Monte Horeb y allí lo hizo cuidar ovejas. Allí mientras cuidaba ovejas para vivir y pagaba su enseñanza él estaba desaprendiendo la educación de Faraón, y allí en la escuela de Dios, aprendió como llegar a ser el más grande general-libertador, autor, gobernador, educador, legislador y profeta del mundo.

Es verdad que, las escuelas del hombre han entrenado grandes mentes, y han producido grandes generales tales como Eisenhower y McArtur, por quienes Estados Unidos y Gran Bretaña construyeron pesados barcos, gigantes armas y otros grandes armamentos, reclutaron grandes ejércitos y navíos. Después de muchos meses de semejante preparación, en la cual millones de gente participó, Eisenhower cruzó el Canal Inglés contra la super máquina de guerra Alemana y McArtur regresó a las Filipinas y ocupó Japón al costo de billones de dólares y miles de víctimas. ¡Maravilloso logro, Verdaderamente! Pero Moisés, sin arma, sin avión, sin barco, y sin nadie en casa para construir y enviar suplementos, liberó a Israel, los guió seguramente para cruzar el Mar Rojo, y hundió todo el ejército Egipcio. El hizo todo esto sin una arma o arco, sin barco o avión al costo de ni hombre, ni bestia. ¡El no tuvo víctimas! ¿Dónde entre los productos de las escuelas del hombre

Vol. 2, N° 25 7

encuentra lo mismo que esto?

Las escuelas de los hombres han producido grandes oradores, también, pero Juan el Bautista mientras aún en su juventud, por su oratoria atrajo todas las ciudades y los campos de Judá, no obstante esos muchos tenían que caminar para llegar allí, y todos, pobres y ricos del mismo modo tenían que sentarse en el suelo raso por horas. Multitudes salieron al desierto para oírle en el campo abierto. Y los Apóstoles, aunque meros pescadores, en un poco más de tres años en la escuela de Cristo llegaron a ser los más grandes predicadores que el mundo jamás ha conocido. ¡Solamente ellos de todos los predicadores jamás desde entonces tienen el récord por convertir tres mil almas del Judaísmo al Cristianismo con un solo sermón!

El tiempo me fallaría para hablar de otros - de Josué y de Caleb, de Daniel y de los tres Hebreos, de Sansón, de David, de los profetas, y de muchos otros aún hasta nuestros días. Es un hecho, que lo que la escuela de Dios no puede producir, la escuela del hombre no puede igualar.

En la escuela de Dios el estudiante se gradúa para llegar a ser el mejor en cualquier línea que emprende. Y mi consejo para usted es que si es hierba, o árbol, por así decirlo, elija ser el mejor en su clase. Puede ser tal si desea hacerlo, porque no hay fracasos en la escuela de Dios. Puede llegar a ser el mejor pastor, o el mejor rey, el mejor maestro o el mejor predicador, el mejor banquero, o el mejor cualquiera que sea.

Es de interés, también, notar que ambas la escuela de Dios y la escuela de los hombres tienen libros de texto. Una tiene los libros de los hombres, los cuales necesitan ser renovados año tras año, la otra tiene el libro de Dios el cual nadie

Vol. 2, N° 25 8

aún ha sido capaz de mejorar. La última es la primera y la mejor nunca ha habido otra semejante y nunca la habrá.

La escuela de Dios no sólo enseña de su libro de texto, no meramente en el salón de clase, enseña la practica tanto como la teórica. La practica, por supuesto, la mayoría de los hombres no les gusta, y algunos no tomarían entrenamiento práctico ni por un don. Tomemos a José por ejemplo. Cuando terminó la obra en el salón de clases, se inició en la práctica. Su entrenamiento fue quizá el más penoso porque su vocación iba a ser no sólo una de las más grandes sino única también. Además, su currículo incluía aprender una lengua extraña y amar a sus enemigos. El había de aprender por experiencia que si uno sirve a Dios fielmente, entonces cualquier cosa que le sobrevenga en la vida ha de saber que es sólo un regalo de Dios, y que ha de hacer lo mejor de esto.

Primero él fue vendido por sus propios hermanos, y revendido por los traficantes de esclavos. El pudo haberse hecho el enfermo y con aflicción y temor. Si él se haya rendido así a sus emociones, los traficantes lo habrían tirado en algún lugar a lo largo del camino a Egipto, porque ellos deben haber sabido que un hombre enfermo solo sería un gasto para ellos, que no podrían venderlo por algo a alguien. José, se comportó muy bien, sabiendo que Dios conocía todo acerca de sus circunstancias. Los Ismaelitas, también, vieron que no habían invertido en un esclavo ordinario. Se dieron cuenta que él podía ser vendido por un alto precio a alguien que tuviera el dinero. Así fue que lo llevaron a Potifar, el hombre rico de Egipto. Allí José aprendió como tomar órdenes, como cuidar de los bienes de otra gente, y también como rehuir de las mujeres rameras.

Después que se graduó en la casa de Potifar tomó

Vol. 2, N° 25 9

un curso detrás de las rejas de la prisión. Allí entre los soñadores aprendió a interpretar sueños. A este punto de su entrenamiento estaba equipado para gobernar a Egipto y alimentar el mundo.

Las escuelas del hombre no ofrecen cursos de esta clase, pero ni tampoco desarrollan benefactores, reyes, banqueros y hombres de negocios tales como José.

Estas son algunas de las cosas que deberíamos saber si nos hemos de graduar de la escuela de Dios. Además, deberíamos saber donde estamos recibiendo nuestro entrenamiento, porque es posible que podamos estar en la escuela del yo, mientras presuntuosamente pensemos que estamos en la escuela de Dios.

¿Cómo podemos saber con certeza en cuál escuela estamos obteniendo nuestro entrenamiento? - Para estar en la escuela de Dios debemos caminar con Dios - ¿y cómo podemos saber que estamos caminando con Dios? - Estoy seguro que si vamos a los lugares a donde Dios no iría, y si obramos donde Dios no obraría, entonces en vez de caminar con Dios y aprender de él, estaríamos caminando con el Diablo y recibiendo entrenamiento de él.

¿Cómo podemos saber que la obra que estamos haciendo es la obra que Dios tiene para que hagamos? - Es cierto que Dios no construiría instrumentos para matar sin importar el pago; que él no obraría en algo que el Diablo trabaja; tampoco iría en compañerismo con uno que no está caminando con Dios.

La pregunta naturalmente surge, ¿trabajaré para los hombres o para Dios para ganarme la vida? Si Dios tiene una obra para que usted haga, entonces usted no puede ir a trabajar para los hombres y todavía esperar recibir la aprobación de Dios. Pero si Dios no tiene algo para usted en su taller,

Vol. 2, N° 25 10

por así decirlo, es obvio que él tiene algo para usted en el taller de alguien más exento de objeciones.

Los estudiantes en la escuela de Dios estudian de principios y con el sólo propósito de avanzar el Reino de Dios, mientras los estudiantes en la escuela del hombre estudian desde un punto de vista monetario, para ayudar a nadie en particular sino a sí mismos, lo cual nosotros como Cristianos no podemos hacer si esperamos llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos. Cualquier pensador despejado, que esta mirando las cosas desde el punto de vista de Dios, no será otro que un producto de la escuela de Dios.

Vol. 2, N° 25 11